




Amaneció el 4 de febrero nublado y con las calles mojadas en Sax. Nada que ver con el cielo azul y el cálido sol del día anterior. El patrón de la villa, San Blas, parecía querer retrasar su regreso a la ermita pero la tradición es la tradición, debe cumplirse y se cumple.
Con lluvia, viento, frío, calor, nieve, sol o hielo el santo tiene que volver de nuevo a su morada el día 4 de febrero. Y, como no podía ser de otra manera, regresó. Y lo hizo acompañado por los festeros, por las damas y reinas de fiestas, por los músicos y por las cientos de personas, bien provistas de paraguas, impermeables y chubasqueros, que no quisieron perderse un acto con el que los sajeños se despiden de su patrón hasta el próximo año. Pero la imagen, siempre precedida por las salvas de arcabucería de los socios de las ocho comparsas, a los que la intermitente lluvia no restó participación ni parecía preocupar demasiado, regresó.
"Al mal tiempo buena cara", se decían los unos a los otros mientras cargaban sus armas en las pintorescas calles del casco antiguo. Las mismas calles por las que el patrón pasa desde hace siglos. En esta ocasión a hombros de los Amigos de San Blas, entre quienes se encontraba el sajeño Emmanuel Sánchez Alarcón, cura de San José Obrero de Orihuela, que el día 3 de febrero también participó en la Misa Mayor.
Como es costumbre, las casas y cuartelillos por donde transcurre la procesión de la Subida del Santo permanecieron abiertas, de par en par, para ofrecer mistela, las típicas pastas y algún pinchito casero con el que reponer fuerzas sobre la marcha.
Pero unas horas antes, cuando despuntaba el alba, el volteo de campanas de la iglesia y el disparo de tracas anunciaba la diana. Eran las 8.30 horas y las comparsas llenaban de bullicio las calles del pueblo con sus alegres pasodobles, pisando fuerte sobre el asfalto y algún que otro bostezo. Una hora después sonaban los primeros arcabuces junto al templo parroquial. Los capitanes hacían bailar a sus pajes. Eran Los Moros y, tras ellos, Marruecos, Turcos, Árabes-Emires, Caballeros de Cardona, Alagoneses, Garibaldinos y Cristianos. La calle Mayor se llenaba de pólvora y el estruendo desconchaba la cal de las blancas paredes y hacia temblar puertas y ventanas del castigo antiguo.
Quince minutos antes de las 11 horas San Blas salía de la iglesia a hombros de los festeros. Llovía tímidamente y los Garibaldinos y Cristianos más rezagados se apresuraban a colocarse bolsas de plástico en las plumas de sus gorros para que aguanten, al menos, hasta que acaben las fiestas. A los cinco minutos dejaba de llover contribuyendo al lucimiento de pajes y capitanas. Breve lucimiento porque quince minutos después reaparecía la lluvia y a las 11.45 horas comenzaba a apretar.
En las fotografías: --Los sajeños tuvieron que sacar los paraguas y chubasqueros para seguir al santo en su recorrido hasta la ermita. --Los festeros se esforzaron, un año más, para llevar a San Blas por las calles de Sax hasta su ermita. --Las jóvenes festeras participaron en los actos de la mañana y de la tarde. --Los arcabuceros en acción.
(Sigue en II)
diarioinformacion